LA REALIDAD
…la gente buena está haciendo un daño atroz en el mundo, al dar tanta importancia a la maldad…
Oscar Wilde
Me dice gravemente consternada mi querida amiga Rosa Elena: “Esperanza, ubícate en la realidad, ¿cómo nos dices que el amor es el estado natural del ser humano?, ¿cómo aseguras que el ser humano es bondadoso por naturaleza?, ¿qué acaso no ves las noticias?, ¿no ves que el hombre es violencia, muerte y destrucción?, ¿no percibes que cada día estamos peor?, ¿Cómo me dices que me llene de amor?, ¿cómo te atreves…? Eso es utópico. Eres tan ingenua…
Suspiro largamente. Cierro los ojos. Me cubro la cara con mis manos y guardo un silencio prolongado.
Viajo a ese planeta que me platicó mi abuela, el mismo que le había platicado su abuela:
Es el planeta donde no existen los colores, como los conocemos en la Tierra. Todo es blanco, dorado, transparente o plateado: las personas son doradas y resplandecientes, los árboles y el césped son blancos, el agua es cristalina, las montañas, blancas y los pájaros, dorados, las rocas son diamantes, y los perros, los gatos y los caballos, son plateados. El aire, transparente, tiene brillos dorados en el día y plateados en la noche. Algunas plantas y animales solo son contornos de las plantas y animales que conocemos.
En el planeta Áureo todo es belleza y perfección.
Los bebés nacen resplandecientes, con luz propia, con un brillo encantador. Los bebés nacen sabiéndose perfectos, bellos y merecedores de la bondad de la vida. Al crecer, algunos mantienen su fulgor, o lo intensifican, otros, lo van perdiendo.
Los auríferos trabajan, comen, se bañan, se enamoran, viajan y duermen, como los terrícolas. Y cómo éstos, tienen sensaciones doradas y sensaciones grises.
Cuando pierden el resplandor que los rodea, es porque han acumulado más sensaciones grises en su corazón. Entre mas almacenen, menos resplandor reflejan. Hasta que quedan opacos y, por la falta del brillo, mueren.
En este enorme planeta, hay un camino escabroso y complicado hacia “El pozo de la inmundicia”, que es el lugar al que acuden las personas para tirar la envidia, el rencor, el odio, la culpa, la angustia y el miedo. Es la zona en donde pueden desechar las sensaciones grises.
Es una parte que ocupa una mil millonésima porción del espacio total de Áureo.
Hombres y mujeres le temen al pozo de la inmundicia, porque el fondo es negro y se han escuchado quejidos, lamentos y gruñidos.
Es la negrura acumulada de su propia envidia, es la oscuridad del rencor almacenado, es la penumbra del miedo amontonado. Son sus propios quejidos, sus mismos lamentos y sus propios gruñidos a los que le temen.
Un día, un hombre opaco, lleno de dolor, decidió tirarse al pozo de la inmundicia.
Algunas personas lo vieron de lejos. Aterrorizadas, corrieron a contarles a cuantos quisieran escucharlos: ¡que un hombre opaco, bueno, pero no tanto, casi, casi luminoso, se había caído, o más bien, el pozo se lo tragó, pero parece ser que un monstruo horripilante, con tentáculos y ojos feroces lo devoró!
Los vecinos lo contaron a los primos, los primos a los amigos y los amigos a los compadres; en las fábricas, en las escuelas, en las reuniones sociales, solo se hablaba de un monstruo, que ni en la peor de las pesadillas se podía ver, con varias cabezas, con incontables ojos y brazos, con poderes sobrenaturales, hambriento de sangre, encolerizado con el planeta entero. ¡Ávido de destruir, sediento de aniquilar!
Fotógrafos, camarógrafos, reporteros de todos los lugares del mundo áureo “volaron” al pozo de la inmundicia a constatar aquello tan horrible que había sucedido. Todos los diarios del planeta, todos los canales de televisión, todas las estaciones de radio y todos los sitios del Internet, describían, cada vez más cruel, al monstruo del pozo de la inmundicia. Las fotos y los videos que circulaban eran de un punto negro, magnificadas a un descomunal círculo negro. Los entrevistados decían que “un amigo mío muy cercano lo vio”.
El miedo crecía en los corazones, el miedo alimentaba al monstruo; el monstruo se desarrollaba en la imaginación, se tornaba todo poderoso. Inmortal e indestructible.
Pero al mismo tiempo, de alguna manera, los auríferos gozaban hablando de él. Disfrutaban presumiendo que ya estaban enterados y que eran muy conocedores de las nuevas “cualidades” de “Inmun”. Se sentían personas sumamente importantes en la sociedad por conocer todo sobre Inmundicio. Maliciaban estar al tanto de las últimas diabluras y de los más recientes descalabros provocados por el personaje favorito de casi todo el planeta.
Hubo quienes estudiaron minuciosamente e hicieron doctorados en “Inmundología”, que era el lugar al que pertenecía el monstruo de las inmundicias.
Los que no estaban muy enterados, eran consideradas incultos, apáticos, chiflados o locos.
Algunas personas percibieron una gran oportunidad de usar a Inmundicio para manipular a los otros hombres y mujeres del planeta. El miedo que sentían los auríferos los convertía en unos seres débiles, enclenques y fáciles de manejar. Títeres de los intereses de los maliciosos.
El político les prometió encontrar a Inmundicio y acabar con él. El sacerdote les dio su palabra que en la otra vida no existiría el monstruo. El comerciante, ofreció, que si compraban sus productos, podrían sobre salir de la generalidad, y el monstruo no estaría interesado. El farmacéutico y el doctor, pastillas para olvidarlo y para aliviar las enfermedades causadas por ese miedo a Inmundicio.
Estos hombres y mujeres, víctimas de su propia creación, aseguraban que el planeta Áureo era, en su mayor parte, negro. Porque lo veían en la tele, en los periódicos, en el cine, en los libros, en las películas, en las reuniones sociales… en sus sueños. Pero sobre todo, porque lo veían en su corazón.
Inmundicio se encontraba en el corazón de los que hablaban de él, de los que pensaban en él, de los que lo soñaban y, de esta manera, le dieron fuerza, lo retroalimentaron, le proporcionaron poder, hasta que el monstruo, de uno por uno, les robó su brillo. Los mató. Los devoró y el planeta Áureo se convirtió en el planeta Negro, donde Inmundicio reinó y esclavizó a los habitantes opacos que creyeron en él.
La realidad era que si existió un punto negro: era la un mil millonésima parte del planeta.
La realidad era que si existió Inmundicio: era el miedo que le tenían a Inmundicio…
— ¡Hey! ¡Esperanza! ¿Te quedaste dormida? ¿Estás soñando?— me sacude la voz de Rosa Elena
— ¡Vuelve a la realidad!
La realidad comienza en el pensamiento: Hegel
Los monstruos son reales, los fantasmas son reales también. Viven dentro de nosotros y, en ocasiones, ganan: Stephen King
Sólo hay una verdad absoluta: que la verdad es relativa: André Maurois
Esperanza Aguilera
Octubre 2008
Talleres y Conferencias
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jueves, 23 de junio de 2011
jueves, 14 de abril de 2011
Apreciación
APRECIACION
“El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse, más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados.” Albert Einstein
La apreciación es una poderosa emoción que tiene beneficios científicamente validados. Impacta positivamente a nuestro sistema inmunológico, a nuestras actitudes, a nuestro corazón y a nuestra claridad mental. Apreciación significa ser agradecido o expresar sentimientos de admiración, de aprobación, de beneplácito y de gratitud.
Apreciando la Naturaleza en una caminata:
Los niños se mueven siguiendo ondas de intensa actividad y luego descansan, otra vez suben la intensidad y vuelven a descansar. Así son también los entrenamientos físicos para los atletas de alto rendimiento y se recomienda para cualquier persona que quiera mantenerse en buena condición física. De esta manera es como te recomiendo que practiques tus caminatas en un parque o cualquier lugar arbolado.
Al armonizar el movimiento de tu cuerpo con el movimiento de tu mente, se armoniza tu alma, y te conviertes en eso que eres: una unidad.
Los primeros cinco minutos tu andar debe ser lento porque debes calentar los músculos. Entonces tus pensamientos, de amor, de apreciación y de gratitud, son tranquilos y pausados. Trata de dejar espacios sin pensamientos. Al acelerar un poco el paso, subes el tono, el volumen y la fuerza que le imprimes a tus pensamientos. En la cresta de la onda, cuando tu movimiento es vigoroso, tus pensamientos son muy intensos, muy apasionados. Se convierten en un grito. Gritos de pasión. Gritos de exaltación. Gritos silenciosos de alegría y de poder. Entonces vas a sentir cómo tu cuerpo y tu mente están unidos en la misma vibración de tus pensamientos positivos la cual es una muy alta vibración. Con el ejercicio físico y los pensamientos positivos en armonía, vas a sentir que vibras en la frecuencia del amor.
Al ir bajando la cresta de la onda, tus pensamientos, poco a poco, siguiendo el ritmo del cuerpo, van bajando también de intensidad y van adquiriendo un tono tranquilo y pausado, igual que tus pasos.
Todo el tiempo que ocupes en la caminata (o en correr o en nadar o en cualquier actividad física) hazlo muy consciente de lo que estás haciendo, muy consciente de cada movimiento. Sólo siente el cuerpo, siente tu sangre correr, siente tu corazón, siente el aire que inhalas y exhalas, siente como los pulmones se expanden y se contraen, siente tus músculos, ese leve dolor cuando estás en una alta intensidad y ese golpeteo de la sangre y ese cosquilleo cuando bajas la cresta de la onda. Siente el aire y el sol en tu cara, o toda el agua en tu cuerpo si es ese el caso. Siente tu sudor.
Entonces, cuando no hay pensamientos, cuando unificas el ritmo, al movimiento de tu cuerpo y de tu alma, de tu mente no pensante, entonces sentirás esa poderosa conexión con tu ser interior y con todo el Universo.
Entonces sentirás el poder del amor dentro de ti, como fuegos pirotécnicos que estallan y que iluminan todo tu ser interior e iluminan todo lo que ves. Explotan dentro de ti. Te transforman.
Tendrás sensaciones físicas de fatiga, siéntelas con todo tu ser. En estos momentos es muy fácil conectarte con tu cuerpo, y dejar de pensar, porque son muchas las sensaciones. Es un momento mágico que debes aprovechar al máximo, para lograr esa conexión con tu ser interior.
No permitas que el ejercicio se convierta en algo automático. Sé consciente siempre de tus movimientos, de tus sensaciones, de todo tu cuerpo. Pon tu atención siempre en ese o esos músculos que están trabajando.
Además de la consciencia de tus sensaciones puedes tener los siguientes pensamientos:
Agradecer lo que vas viendo, por ejemplo, el árbol, las flores, el cielo. Agradecer todas tus cosas, por ejemplo, tu carro, tu cama, tu ropa, etc. Agradecer por tu familia, por tus amigos y nombrar a cada uno de ellos. Agradecer por tu cuerpo en general e ir nombrando cada órgano, cada sistema y cada célula.
Pensamientos de apreciación: “Qué hermoso árbol. Es majestuoso. Produce oxígeno para que yo lo respire. El árbol es verde. El verde es vida. El árbol me da vida. Me encanta ese árbol. El árbol es inteligencia…” Y llegar a un momento en que lo puedas apreciar sin palabras. Sólo sintiendo la sensación de la apreciación.
Otros tipos de pensamientos es tomar las cualidades de la naturaleza para ti: “La naturaleza y yo somos parte de lo mismo. Sus cualidades son también las mías. Del árbol tomo lo verde. Yo soy vida. Del colorido de las flores tomo su alegría, su belleza. De los pájaros tomo su libertad, su gracia, su ligereza, su habilidad de volar. De la Tierra tomo su generosidad incondicional, su soporte, su grandeza. Del sol tomo su calor, su pasión, su luz. Del cielo tomo lo infinito, lo ilimitado. Del agua tomo su omnipresencia, su poder de limpiar, su flexibilidad para cambiar y seguir siendo, su música cuando baja en forma de cascada y su suave tranquilidad del lago…” Y sentir profundamente cada cualidad que estás describiendo.
Siente dentro de ti cada cosa que veas, mientras dices: “yo soy el árbol”, lo observas y lo sientes dentro de ti.
Dale tu amor a cada cosa que vayas viendo: “flores, las amo, árbol, te amo, cielo, te amo, sol, te amo…”
Deja espacios después de cada pensamiento y sólo siente el agradecimiento o la apreciación, pero ya sin usar ninguna palabra. Maravíllate de cada cosa que observas, cómo si fueras un niño. Los niños cuando descubren algo nuevo se sorprenden, abren más los ojos, abren la boca y dicen ¡waow! Y hacen una pausa, se toman su tiempo para disfrutar ese momento. Toda esa expresión de maravilla de los niños incorpórala a tus ejercicios de apreciación. No hablas, no piensas, pero todo tu ser se maravilla de esa flor.
Es muy importante que no busques nada dentro de ti, no busques un resultado, o una reacción. Sólo experimenta la apreciación.
Apreciando el cuerpo humano.
En un libro de anatomía para niños, con láminas a colores, estudia el cuerpo humano, pensando al mismo tiempo que lo que estudias es tu organismo, maravillándote todo el tiempo de lo grandioso que es tu cuerpo.
Cada órgano, tejido o sistema que veas, cada célula, los huesos o el sistema digestivo, expresa: ¡waow! ¡Así funcionan mis células! ¡waow! ¡Así son mis huesos! ¡waow! ¡Todo lo que hace mi sistema digestivo!, etc, etc. Y no dejes de maravillarte por esa inteligencia increíble que es tu cuerpo ¡woaw! ¡Qué maravilla soy!
Pregúntate ¿Cómo sabe cada célula llevar a cabo todos esos procesos químicos? ¿Cómo mantiene la comunicación con otras células para que exista una armonía en todo el organismo? ¿De dónde viene esa inteligencia? ¿Qué es esa inteligencia que habita mi cuerpo? ¿Qué inteligencia es la que realiza cada segundo, miles de procesos en mi cuerpo?
Apreciar es alabar. Alabanza a la vida. Alabanza a la creación. Alabanza a tu cuerpo. Alabanza a la naturaleza. . Alabanza a todo lo que existe. Alabanza a todo lo que ES.
Todo lo que ES, eres tú. Tu eres todo lo que ES.
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